miércoles, 14 de abril de 2010

Etéreo, María Inés Navarro Hernández

Un corazón que palpita débilmente en un lugar abarrotado…
Una, dos, tres, incontables expresiones junto un millar de vidas, todas reunidas en un punto finito del universo que concordaban con su existencia….
¿Por qué? No lo sabía…
¿Cómo? No se lo explicaba…
Pero,
Ella estaba tan cerca como un susurro y tan lejos como un cuerpo celeste.
Con su recuerdo junto a su corazón y su presencia al otro extremo del mundo.
¿Echar de menos? Aquella frase no daba abasto para expresar el acopio de sentimientos que guardaba en su frágil y consumido pecho.
¿Alguna salida? Tal vez la muerte.
¿Proclamarle su amor? Demasiado inconsciente e ingenuo.
Y ahora… él estaba perdido en un valle sin límites donde la soledad hacía su visita más por lástima que por sensatez.
Y ahora… él solo repasaba memorias vacías de algo que nunca ocurrió.
Su cordura la había olvidado en el ayer y ella le había arrancado el alma casualmente.
No era más que un miserable truncado.

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